La canción "Corazón de cristal", interpretada por Alejandro Astola, es una balada que captura la esencia del amor no correspondido a través de letras profundamente emotivas y vulnerables. El artista, originario de España, se muestra como un intérprete sincero que evoca el dolor y al mismo tiempo la esperanza de volver a conectar con el objeto de su deseo.
Desde el inicio, el protagonista se presenta con una fuerte autocrítica. Reconoce su ingenuidad al haber creído en un amor que nunca existió realmente: "Qué tonto fui que me creí que aquellos besos eran de verdad". Aquí comienza la exploración del desengaño romántico. La fragilidad del corazón es una metáfora central en esta composición; el "corazón de cristal" simboliza no sólo la delicadeza emocional del protagonista, sino también su exposición al dolor y las decepciones.
A lo largo de la letra, Astola lleva al oyente a través del proceso íntimo de reconocer lo inevitable: "A pesar de que se fue y que yo me desangre". Esta línea es desgarradora porque refleja cómo el protagonista está dispuesto a experimentar un sufrimiento profundo por el vacío dejado tras la marcha de su amada. Hay una clara ironía en su anhelo; aunque sabe que este amor podría hacerle daño irreversible, persiste en sus sentimientos con la esperanza de un reencuentro.
Los temas recurrentes de añoranza y desilusión están siempre presentes. En líneas como "Daría lo que fuera por llegar a enamorarte", existe una rendición resignada ante la realidad dolorosa del amor no recíproco. El deseo ferviente por un regreso amoroso contrasta con la admisión amarga sobre la falta de reciprocidad emocional: "Si no la puedo convencer pa' que me quiera, no la quiero en mi colchón". Esto implica una lucha interna entre dejar ir y aferrarse a lo idealizado.
El tono general es melancólico pero también esperanzador. Aunque hay pesar en las palabras del protagonista, también hay una leve pizca de resistencia. Uno puede sentir cómo busca convertir su dolor en creación artística —"con el tiempo acabe convirtiéndola en canción"— mostrando así cómo las emociones pueden transformarse en arte y aportar algún tipo de redención personal.
Culturalmente hablando, "Corazón de cristal" se sitúa dentro del contexto actual musical español donde predominan las letras cargadas emocionalmente, propias del pop y los géneros urbanos. La producción misma resuena con sonidos contemporáneos pero mantiene ese aire acústico característico del intimismo necesario para abordar temas tan cargados como el amor perdido.
Alejandro Astola puede ser comparado con otros artistas españoles contemporáneos como Pablo Alborán o Blas Cantó, quienes igualmente fusionan versos sentimentales con melodías pegajosas para crear pegas potenciales para cualquier melodramático momento romántico.
De esta forma, “Corazón de cristal” no sólo despliega un rico paisaje emocional sobre los altibajos del querer sino que también invita al oyente a reflexionar sobre sus propias vivencias amorosas. A medida que este tipo de canciones continúan resonando entre diferentes generaciones, queda claro que seguirán siendo un vehículo poderoso para comunicar experiencias humanas intangibles: esas luchas internas entre amar y dejar ir.