La letra de la canción "Perros guardianes" de Arturo Meza es una compleja y profunda exploración de las sombras internas del ser humano, utilizando metáforas impactantes y una imaginería poderosa para transmitir un mensaje cargado de emociones crudas y confrontativas.
En el inicio de la canción, se mencionan elementos como "hermano aullido", "hermano feto" y "hermana sangre", que sugieren una conexión visceral con la familia y la herencia genética. La presencia del "aguarrás podrido" que baña el alma cuando se suda frío añade una capa de oscuridad al ambiente, insinuando una lucha interna contra fuerzas negativas o destructivas.
La referencia a Dios rompiendo la "línea Maginot de la pared" puede interpretarse como un quiebre en las barreras mentales o espirituales que separan lo divino de lo terrenal, desafiando el orden establecido y cuestionando las creencias tradicionales.
El uso recurrente de la imagen de los "perros guardianes" como protectores ante el furor del rayo revela una necesidad de defensa ante las fuerzas amenazantes externas o internas. Los objetos simbólicos como canicas de barro y clavos que acompañan el oleaje aprisionado de los ojos sugieren una sensación de vulnerabilidad y fragilidad ante la vida misma.
La dicotomía entre odiar la carroña y adorar la vida refleja un conflicto interno entre el rechazo hacia lo decadente y corrupto, y el amor por todo aquello que representa vitalidad y plenitud. La afirmación de volverse loca la anatomía sugiere una transformación radical e incontrolable a nivel físico y emocional, donde todo se vuelve caótico pero intensamente vivencial.
En definitiva, "Perros guardianes" es una canción que invita a sumergirse en las profundidades del ser humano, explorando sus miedos, contradicciones y pasiones más íntimas. A través de su poesía cargada de simbolismo, Arturo Meza logra expresar un universo emocional complejo e inquietante que desafía al oyente a reflexionar sobre su propia existencia y búsqueda interior.