La canción "Mi misión" de Besos Brujos es una obra que refleja la complejidad y la belleza de la vida a través de una perspectiva llena de introspección y emociones profundas. Publicada el 11 de diciembre de 2011, esta pieza se adentra en los sentidos y sentimientos que trascienden lo cotidiano, convirtiendo cada experiencia vivida en un acto significativo.
Desde el primer verso, "Pierdo todo y me queda la vida", se establece un diálogo con la existencia misma. Esta frase encapsula el sentimiento de pérdida que todos experimentamos en algún momento, pero también señala a la resiliencia humana; incluso ante desengaños o fracasos personales, siempre hay algo esencial que nos acompaña: nuestra vida. Es un recordatorio poderoso de que las experiencias negativas pueden llevarnos a una mayor comprensión de nosotros mismos.
La letra aborda temas como los recuerdos de infancia, lo cual sugiere un anhelo por tiempos pasados donde las cosas eran más simples. Cuando el protagonista menciona "en silencio hacia nuestra infancia voy", nos invita a reflexionar sobre cómo nuestras raíces moldean quienes somos hoy. La música puede ser vista como un vehículo para volver a esos momentos perdidos o para revivir sensaciones olvidadas.
Además, hay una notable dualidad a lo largo del texto entre la naturaleza y la vida urbana. El sol 'escribiendo su día' y el mar 'susurrando melodías' simbolizan la conexión íntima entre el ser humano y su entorno. Esto establece una atmósfera serena y contemplativa donde, a pesar del caos cotidiano, hay belleza en lo que nos rodea si sabemos escuchar. La musicalidad presente en estos versos resuena con los elementos vitales que nos alimentan tanto física como emocionalmente.
En cuanto al tono emocional, este es predominantemente esperanzador aunque permeado por matices de melancolía. El protagonista no solo acepta sus pérdidas sino que también celebra su existencia mediante canciones: "Las canciones son mi complicidad". Este verso destaca cómo el arte —y específicamente la música— sirve como refugio y compañero en los momentos difíciles. A través de esta complicidad musical, encuentra consuelo y conexión con otros, mostrando así que las expresiones artísticas tienen el poder no solo de sanar sino también de unir.
El uso repetido del "pierdo todo" junto con el consuelo que sigue ofrece una sensación casi hipnótica y reafirmante; al repetir esas palabras se solidifica esa aceptación del paso del tiempo como parte inevitable e intrínseca a vivir plenamente. Además, esto plantea una ironía interesante: hasta en las pérdidas encontramos algo valioso —la vida misma— lo cual conecta fuertemente con ese sentido común acerca del aprendizaje obtenido a partir del error o del fracaso.
La visión constructiva sobre equivocarse para poder pensar 'de a dos' añade otra capa al análisis; nos recuerda que en sociedad somos seres interdependientes. Lo inevitable es aprender unos de otros mediante nuestras fallas compartidas. Aquí hay también un guiño a las relaciones amorosas —el protagonismo amoroso se convierte así en un camino hacia ese pensar colectivo necesario para crecer emocionalmente.
Aunque Besos Brujos no sea uno de los actos más mainstream dentro del panorama musical actual, su estilo fusiona elementos poéticos con melodías suaves creando un espacio ideal para reflexionar sobre temáticas profundas sin abandonar nunca esa cercanía emocional caracterísica.
"Mi misión" no solo es significativa porque nos invita a aceptar tanto las altibajos existenciales como fortalecer vínculos emocionales mediante el arte; ofrece un espejo donde observar nuestra propia experiencia humana invariablemente conectada con el pasado y llena nuevamente por instantes efímeros pero significativos dentro del presente continuo.
Así pues, esta creación trasciende lo trivial al convertirse en himno personal donde cada escucha puede hallar fragmentos propios e identificarse profundamente con sus notas silenciosas llenas de significado sustancial.