La canción "Ciudad vampira", del cantautor Nacho Vegas, ofrece una mirada cruda y melancólica sobre la tristeza que se cierne sobre una ciudad marcada por la desolación. Publicada en su álbum "Resituación" en 2014, la letra combina elementos de pop y cantautor para crear una atmósfera introspectiva y sombría que invita a reflexionar sobre el estado emocional tanto del protagonista como de los habitantes de este escenario desolador.
Desde el inicio, Vegas establece un tono lúgubre al describir su entorno como la "ciudad más triste que jamás" podría ser imaginada, sugiriendo no solo un paisaje físico, sino también un estado mental colectivo. Aquí se revela una crítica profunda hacia la vida urbana contemporánea, donde las risas son malinterpretadas y los momentos de alegría parecen estar contaminados por la tristeza omnipresente. Esta ironía resuena fuertemente en las líneas que insinúan cómo aquellos que ríen lo hacen "mal", sugiriendo que la felicidad ha sido subvertida o forzada en este contexto.
A medida que avanza la letra, las imágenes evocadas son casi fantasmagóricas: mujeres lobo bajo la luna llena que al amanecer se sumergen nuevamente en la pena. Este simbolismo ilustra el ciclo de esperanza y desilusión en el cual quedan atrapados los personajes de esta narración; un ciclo perpetuo de crecimiento momentáneo seguido casi inmediatamente por una caída desgarradora. La representación del autobús y lugares comunes como supermercados también refuerzan la idea de una existencia cotidiana marcada por lo gris y lo monótono.
El protagonista también refleja su propia tristeza a través de observaciones sobre quienes lo rodean; incluso busca cambiar de acera al notar a otros tristes, evidenciando cómo esta condición emoional es contagiosa. El modo en que se siente atraído e infectado por esa depresión generalizada genera empatía pero también destaca su lucha interna entre dejarse arrastrar por ese mar sombrío o buscar alternativas.
La mención recurrente de vampiros es clave para entender el sentido del rechazo a esta realidad opresiva. Los vecinos vampiros del protagonista se vuelven metáfora de personas cuya vida parece alimentarse del sufrimiento ajeno; criaturas nocturnas que abstraen vitalidad del dolor colectivo. Este sentimiento culmina cuando nuestro protagonista está dispuesto a emprender una misión no solo contra estos 'vampiros', sino en busca de recuperar lo perdido: "exigir que nos devuelvan la ciudad" es un grito desesperado por rescatar algo valioso en medio del desespero.
Las herramientas mencionadas para combatir estas fuerzas oscuras brindan tanto humor como terror: estacas hechas de nogal y radial traída desde Duro Felguera reflejan un panorama caótico donde cualquier esfuerzo es posible ante tal necesidad existencial. En contraposición con todo esto, menciona su sensación vital: pese a sentirse muerto –un eco quizás del aislamiento social– finalmente despierta ante la posibilidad esperanzadora de otro lugar mejor.
Finalmente, cerrando con fuerza dramática, expresa explícitamente el deseo inmediato por “prender fuego” a esta ciudad agraviada; esto puede interpretarse como una llamada radical a romper con lo establecido ya sea simbólicamente o literal —una invitación al cambio profundo— dejando claro que aunque vive allí y comparte su tristeza, su anhelo es trascenderla.
En conjunto, "Ciudad vampira" representa más allá de una simple canción; es un manifiesto lírico cargado con angustia social universalmente relevante. A través de sus sonidos melancólicos y letras provocativas, Nacho Vegas logra conectarnos con nuestros propios fantasmas urbanos mientras nos recuerda la importancia vital de luchar por nuestra salud emocional colectivamente.