La canción "Horas de vuelo" de Lichis, publicada en el álbum "Modo avión" en 2014, es un retrato conmovedor y reflexivo sobre las experiencias que moldean nuestra vida y nuestra percepción del mundo. En esta obra, Lichis utiliza una lírica cargada de simbolismo para explorar los aprendizajes adquiridos a lo largo del tiempo y la forma en que estos influyen en nuestro día a día.
Desde el primer verso, se establece una conexión entre lo material y lo emocional; menciona las pesas y la tecnología, elementos que representan tanto el esfuerzo físico como la evolución rápida de la comunicación. Esta dualidad sugiere que a pesar de rodearnos de avances tecnológicos, hay aspectos del ser humano que requieren un trabajo árduo y persistente. Cuando Lichis menciona "los discos que compré por la portada", invita a reflexionar sobre nuestras elecciones superficiales y cómo estas pueden desviar nuestra atención de lo verdaderamente importante.
En términos emocionales, se percibe un tono melancólico pero introspectivo. El protagonista parece deslizarse entre el aprendizaje doloroso y la aceptación de este como parte integral del crecimiento personal. Frases como "lo que creí que el dolor me enseñaría" indican que ha pasado por situaciones complicadas, pero también manifiestan un reconocimiento de sus propios límites. Aquí radica un mensaje fundamental: aprender a vivir con nuestro pasado sin dejar que nos defina por completo.
A medida que avanza la canción, surge el contraste entre lo anecdótico y lo profundo: "la gente que dice que no es inteligente / que te lo tomes así." Este recurso invita al oyente a cuestionar no solo cómo percibimos los juicios ajenos sino también cómo nosotros mismos evaluamos nuestro valor e inteligencia. La ironía aquí es palpable; devolviendo parte del juicio social hacia quienes lo expresan con ligereza.
Uno de los momentos más potentes de la letra se halla en las imágenes alcanzadas por frases como "este día en blanco que es un amigo," donde el protagonismo pasa al tiempo presente y su significado en nuestras vidas. La invitación es clara: apreciar cada instante antes de convertirlo en mera rutina. Existe una lucha constante contra el frío emocional o existencial —“seguido negando el frío hasta tiritar de rabia”— donde Lichis toca temas universales como la soledad y el desasosiego nacidos del aislamiento diario.
El tono final cierra con un coro repetitivo donde vuelve a reinar la idea de las “horas de vuelo”. Estas horas son símbolo tanto del tiempo vivido como también una metáfora del aprendizaje continuo; todas esas experiencias acumuladas son esenciales para volar alto metafóricamente hablando.
Al comparar esta pieza con otros trabajos anteriores tanto del propio artista como del panorama musical actual, destaca su capacidad para transformar emociones complejas en letras accesibles y reflexivas. Lichis logra así conectar con su audiencia mediante vivencias cotidianas disfrazadas con una lírica profunda, transformando situaciones mundanas en lecciones vitales reconfortantes.
En cuanto al contexto cultural al momento de su lanzamiento, "Modo avión" llegó en medio de una época donde muchas personas comenzaban a cuestionarse sobre su relación con la tecnología y sus efectos emocionales. La figura artística representada por Lichis continúa resonando no solo por su sonido característico sino porque habla temas necesarios para tiempos modernos: cómo lidiar con nuestro interior mientras navegamos por un mundo exterior rápido e impersonal.
"Horas de vuelo" es mucho más que una simple canción; es una exploración del ser humano frente a sus retos cotidianos desde una perspectiva visiblemente sincera y vivencial. Con cada escucha resuena un eco familiar: todos tenemos nuestras propias horas acumuladas esperando ser reconocidas ante nosotros mismos.
En resumen, esta obra va más allá del entretenimiento musical; despliega capas necesarias para entendernos mejor unos a otros mientras revisitamos nuestro propio viaje personal, invitándonos siempre hacia adelante sin olvidar los caminos recorridos.