La canción "El que canta, su mal espanta" de El Último de la Fila es un claro ejemplo de cómo la musicalidad se combina con letras cargadas de emoción y significado. Publicada el 15 de diciembre de 2011, este tema pertenece al género del rock español y ha mantenido su relevancia en el cancionero popular gracias a su habilidad para capturar las complejidades del amor y la pérdida.
La letra es una exploración íntima del sufrimiento emocional tras una separación. El protagonista se abre en canal frente a su ex pareja, exponiendo sus sentimientos más vulnerables. La metáfora del caramelo y el almíbar representa ese anhelo dulce por la persona amada. A medida que avanza la canción, se percibe una fragilidad en su voz; reconoce haber traicionado en tres ocasiones por orgullo y despecho, lo que queda como un eco inquietante a lo largo del relato. Esta autocrítica establece un tono reflexivo que invita a la empatía.
Otro aspecto importante es la frase recurrente: "dicen que el que canta su mal espanta". Aquí se insinúa una ironía profunda; aunque cantar puede ser un mecanismo catártico para lidiar con el dolor, resulta evidente que este acto no borra el sufrimiento ni reemplaza lo perdido. Con esta afirmación, El Último de la Fila nos recuerda que las palabras pueden ofrecer consuelo temporal, pero no curan el vacío emocional tangible, representado por declaraciones como "soy un muñeco" o "trapo viejo", donde el protagonista siente una degradación casi palpable tras perder a su amada.
En cuanto al tono emocional de la pieza, existe una mezcla aquí entre melancolía y resistencia. Mientras evoca recuerdos felices de momentos compartidos con su amante —describiendo cómo ella iluminó su vida— también enfrenta la cruda realidad de vivir sin ella. El uso del lenguaje es evocador; frases como “como merluza sin espinas” generan imágenes vívidas sobre el despojo emocional al que se enfrenta cada día.
Temáticamente, esta canción abarca los ciclos del amor: desde la euforia inicial hasta los estragos del desamor. También juega con conceptos como el arrepentimiento y el paso del tiempo; esto se plasma cuando menciona “ya no soy un chiquillo”, sugiriendo un crecimiento forzado ante situaciones adversas. La conexión entre esos recuerdos nostálgicos contrastados con escenarios sombríos revela una lucha interna muy humana por encontrar sentido después de perder algo rico en sabor.
A nivel cultural, "El que canta, su mal espanta" emerge en un contexto donde muchos jóvenes lidian con relaciones complicadas caracterizadas por sonrisas efímeras y rupturas repentinas. El estilo musical característico de El Último de la Fila —mezcla única entre rock andaluz y pop— contribuyó a establecer tendencias dentro de este movimiento musical en España durante los años 80 y 90.
En resumen, esta composición destaca no solo por sus melodías cautivadoras sino también por sus letras introspectivas que examinan las emociones humanas más profundas frente a las pérdidas sentimentales. A través del arte poético y narrativo presente en sus estrofas, ofrece una mirada sincera sobre cómo enfrentarse al dolor mientras se busca consuelo mediante expresiones artísticas—aunque sea sólo momentáneamente—dejándonos siempre con ganas de escuchar más al ritmo contagioso que proponen estos maestros de las letras españolas.