La canción "El Último Apagón" de Fito Páez es una exploración intensa y poética de elementos como el amor, la desesperanza y la lucha frente a un entorno adverso. Publicada en su álbum "Novela", este tema refleja la maestría del artista argentino, un referente del rock latinoamericano, capaz de tejer narrativas complejas a través de sus letras cargadas de simbolismo.
Desde el inicio, la letra nos sumerge en una escena cruda e impactante: Jok despertando chorreando sangre en una escalera, seguido por la figura protectora de Naná que lo levanta con extrema sutileza. Esta imagen dramática establece un tono casi cinematográfico que destaca la vulnerabilidad humana ante la violencia y el caos. El uso del nombre “Clarín” evoca inmediatamente un contexto social realista en Argentina, sugiriendo un escándalo o un evento mediático que podría ser más relevante que los padecimientos individuales.
El amor entre Jok y Naná es presentado con delicadeza a pesar del caos circundante. Se besan antes de que Jok sea llevado por las circunstancias, lo cual enfatiza cómo el amor puede persistir incluso en los momentos más oscuros. La repetición en el estribillo sobre llevarla consigo subraya no solo una profunda necesidad emocional sino también una resistencia ante los desafíos inminentes.
A medida que avanza la canción, se presenta una serie de eventos aparentemente aislados que hablan sobre el descontrol: trenes descarrilando y fallecimientos inusuales contrastan con cuestiones íntimas como el amor y las relaciones personales. Aquí se manifiesta una dualidad entre lo personal y lo social; mientras los personajes lidian con su propio envío emocional, la sociedad parece estar inmersa en problemas más amplios y abruptos. El “cana” o policía representa la autoridad opresiva, convirtiéndose casi en un antagonista para aquellos que simplemente buscan amar y vivir libremente.
En términos de ironía, observamos cómo los protagonistas intentan encontrar luz incluso en medio del horror. Frases como “no todo está perdido” reflejan un optimismo desafiante ante las adversidades; muestran que aunque están bajoneados, hay esperanza si están juntos. Este anhelo por pertenencia y solidaridad se vuelve vital para estos personajes enfrentando sus demonios propios junto a sus amigos.
El tono emocional va fluctuando desde momentos de desesperación hasta instantes de ternura compartida, creando un tapiz auditivo donde predominan tanto las tensiones sociales como las vivencias personales intensas. La perspectiva elegida es decididamente cercana; Fito canta desde dentro del conflicto emocional vivido por el protagonista sin perderse nunca en jergas complejas ni metáforas abstractas.
Asimismo, “El Último Apagón” invita a pensar sobre nuestras relaciones interpersonales puertas adentro viviendo en sociedades caóticas donde todo parece desmoronarse. Este enfoque pone aún más énfasis al finalizar la canción con menciones al pueblo persiguiéndolos; simboliza esa vigilancia constante desde el exterior frente a nuestra búsqueda interna por salvación afectiva.
En conclusión, esta obra maestra de Fito Páez combina apasionadamente experiencias humanas universales con carencias sociales evidentes. A través del uso consciente de imágenes vívidas y subtítulos políticos sutiles pero presentes, logra capturar múltiples dimensiones emocionales haciendo eco no solo en quienes han sufrido pérdidas personales o desencuentros románticos sino también reflejando luchas colectivas propias del contexto argentino reciente al momento de su lanzamiento. Así mismo "El Último Apagón" trasciende tiempos porque habla del ser humano sin distinción alguna: enfrentándose a sus miedos pero jamás dejando atrás su capacidad innata para amar profundamente aun cuando las luces parezcan apagarse alrededor.